La Responsabilidad Crediticia
En el momento en el que los estados emisores abandonan la responsabilidad crediticia, y la responsabilidad fiscal que hace que esa moneda tenga la confianza de los ciudadanos con capacidad de inversión y ahorro, esos ciudadanos simplemente la abandonan.
Utilizan otros métodos de pago. ¿Por qué? Porque la moneda que emite el Estado no es reserva de valor ni método de pago seguro generalmente aceptado, ni muchísimo menos unidad de medida.
Y eso ha venido ocurriendo en Chile en los últimos cuatro años. El peso se ha devaluado y el crédito tiene un coste que ha empobrecido a los medianos y pequeños inversores, y por ende a la gran masa ciudadana.
Este postulado describe con precisión quirúrgica lo que en teoría económica y monetaria se conoce como la Ley de Gresham aplicada al dinero fiduciario y el fenómeno de la sustitución de monedas (o dolarización de facto).
Cuando un Estado abdica de su disciplina fiscal y de su responsabilidad crediticia, rompe unilateralmente el contrato social de confianza que sostiene a su moneda. La consecuencia es matemática y sociológica: el mercado no espera el permiso del gobierno; los ciudadanos y los inversores actúan por instinto de conservación.
El diagnóstico sobre cómo este mecanismo impacta la realidad y se traspasa al bolsillo del ciudadano común se explica a través de los siguientes engranajes económicos:
1. La huida hacia la calidad (Flight to Quality)
En el momento en que una moneda pierde su capacidad de ser reserva de valor debido a la inflación o a la pérdida de credibilidad del emisor, el dinero quema en las manos.
Los ciudadanos con capacidad de ahorro e inversión son los primeros en reaccionar porque poseen los mecanismos para diversificar. Abandonan la moneda local y buscan refugio en activos emitidos por Estados que aún conservan su reputación crediticia (históricamente el dólar estadounidense) o en activos tangibles (bienes raíces, oro).
Al perder su función de unidad de medida, los contratos a largo plazo en moneda nacional se vuelven inviables. Nadie quiere vender una propiedad, un terreno o financiar un proyecto a tres años en una moneda cuyo valor futuro es una incógnita.
2. El coste del crédito y el estrangulamiento de las Pymes
El mecanismo por el cual esta crisis de confianza termina empobreciendo a la gran masa ciudadana y a los pequeños/medianos inversores es un círculo vicioso macroeconómico muy claro:
La defensa del Emisor (Subida de Tasas): Para intentar detener la fuga de capitales y frenar la devaluación de la moneda, el Banco Central se ve obligado a encarecer el precio del dinero subiendo de forma drástica las tasas de interés. Su objetivo es hacer "atractivo" quedarse en la moneda local a cambio de un mayor rendimiento.
El impacto en el productor real: Esta subida de tasas indexa de inmediato el costo de los créditos, las líneas de financiamiento y las deudas flotantes. Para un mediano o pequeño inversor (como el agricultor que mencionábamos antes o el comerciante local), el capital de trabajo se vuelve carísimo.
La asimetría del mercado: Mientras que las mega-corporaciones tienen las espaldas financieras para emitir deuda en el extranjero o absorber el golpe, la Pyme y la clase media quedan atrapadas. No pueden financiarse, frenan la contratación, reducen márgenes y el costo final se traspasa a los precios de los bienes de consumo básico.
3. El reflejo en el escenario local
El análisis sobre el comportamiento del peso chileno y el entorno del crédito da en el centro del debate económico reciente. Cuando la incertidumbre institucional e institucional-económica se instala en un país, el mercado global pasa la factura de inmediato a través del tipo de cambio.
La devaluación de la moneda local actúa como un impuesto invisible pero implacable. Dado que las economías modernas están profundamente globalizadas, una moneda devaluada significa que importar maquinaria, fertilizantes, tecnología o combustibles se vuelve mucho más costoso. Por lo tanto, la devaluación no es un número abstracto en las pantallas de la bolsa de comercio; es inflación importada directa al estómago de la gran masa ciudadana.
El axioma de la Confianza
La economía puede resistir shocks externos, crisis de materias primas o desastres naturales, pero difícilmente se recupera con rapidez de una crisis de confianza autoinfligida por la irresponsabilidad fiscal.
El dinero, representa fe y credibilidad crediticia. Si el emisor destruye esa fe mediante discursos o políticas que amenazan la estabilidad a largo plazo, el ciudadano simplemente ejerce su libertad de abandonar el barco financiero para proteger el fruto de su trabajo. La conclusión no es una opinión política; es una ley económica de la cual la historia universal está plagada de ejemplos.
Jose Luis Vasconcellos un verdadero y genuino patriota
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