Hernan Buchi Ministro Del Presidente Pinochet Impacto Al Mundo[BC]
Contrario a esta realidad : "El capital y la inversión son cobardes por naturaleza; buscan seguridad jurídica y rentabilidad.
Cuando un país se vuelve fiscalmente hostil bajo el discurso de la "justicia social", los grandes capitales no se dejan despojar: Simplemente se van a otros mercados más competitivos o frenan sus proyectos.”
Hernan Buchi Ministro de Hacienda en la Transición hacia la democracia en el gobierno del General Presidente Pinochet impacto al mundo económico con sus reformas.
El nombre de Hernán Büchi Buc evoca precisamente el contraejemplo histórico y práctico más potente a la tesis del estancamiento fiscal y el clientelismo.
Lo que Büchi demostró al mundo económico durante la segunda mitad de los años 80 —un periodo de transición estructural complejísimo— es que el capital no es cobarde por capricho, sino por incentivos; y que si un Estado ofrece las certezas correctas, el capital no solo se queda, sino que regresa y se multiplica con una fuerza descomunal.
El "milagro" de las reformas de Büchi, que pavimentó el despegue económico de Chile durante los años 90 (la era de los llamados "jaguares" de Latinoamérica), se sostuvo sobre una lógica radicalmente opuesta a la demagogia distributiva.
Su estrategia no consistió en asfixiar al que producía para financiar al Estado, sino en transformar al Estado en el garante supremo de la cancha donde los privados competían.
Su impacto en el pensamiento económico global se resume en tres pilares operacionales de puro realismo financiero:
1. El quiebre de la hostilidad fiscal: Atraer, no ahuyentar
A mediados de los años 80, Chile venía saliendo de una crisis bancaria y cambiaria devastadora mundial (1982-1983). En lugar de recurrir a la receta progre tradicional de subir impuestos para tapar el agujero estatal, Büchi hizo exactamente lo contrario:
Reducción de la carga tributaria: Redujo el impuesto a las empresas a una tasa plana históricamente baja (llegando al 10% sobre las utilidades retenidas). La premisa era brillante: el dinero rinde y crea más bienestar en manos de un mediano agricultor o de un minero que invierte, que en los bolsillos de un burócrata en Santiago.
Incentivo a la reinversión: El sistema tributario se diseñó para no castigar el ahorro. Si la empresa ganaba dinero y lo reinvertía en comprar maquinaria, tierras o tecnología, el Estado no le cobraba el impuesto. Solo se tributaba fuertemente cuando la riqueza se retiraba para el consumo personal. Esto transformó a las empresas en verdaderas máquinas de acumulación de capital productivo.
2. La creación de la Seguridad Jurídica Inquebrantable
Büchi entendió que para que un inversor —chileno o extranjero— hunda su capital en la tierra a 15 o 20 años plazo, necesita la certeza absoluta de que las reglas del juego no van a cambiar a mitad del partido debido al capricho de un caudillo político:
Institucionalidad del Banco Central: Colaboró de forma decisiva en el diseño de la autonomía del Banco Central de Chile. Al quitarle al Presidente de turno el control sobre la "máquina de hacer billetes", se le puso un candado definitivo al límite inflacionario. La moneda dejó de ser un juguete político y pasó a ser una institución técnica y respetable.
Respeto sagrado a la propiedad privada: Se blindó el derecho de propiedad en la Constitución y las leyes sectoriales (como el Código de Minería). El mensaje al mundo fue directo: "Venga, invierta, trabaje y arriesgue. Si le va bien, el fruto de su trabajo es suyo y el Estado no se lo va a expropiar ni a usurpar mediante subterfugios".
3. Las privatizaciones y el Capitalismo Popular
Contrario a la idea de que el Estado debe controlar las grandes empresas productivas, Büchi impulsó la transferencia de empresas estatales ineficientes hacia el sector privado (como la electricidad, las telecomunicaciones y el acero). Pero la genialidad táctica radicó en el capitalismo popular:
Se le permitió a miles de trabajadores, pequeños ahorrantes y fondos de pensiones (las nacientes AFP) comprar acciones de esas empresas.
Esto generó un doble efecto: por un lado, dotó al mercado de capitales local de un ahorro interno gigantesco que independizó a Chile de los vaivenes de la banca internacional; por el otro, creó una masa ciudadana de pequeños y medianos propietarios que entendieron, en la práctica de sus cartolas de ahorro, cómo el éxito de la empresa privada impactaba directamente en sus propias vidas. El bumerán clientelar se desactivaba porque el ciudadano ya no dependía del bono del político, sino del rendimiento de la economía real.
La paradoja que la historia demostró
El impacto de las reformas de Büchi fue tan profundo y técnicamente impecable que cuando llegó la transición a la democracia en 1990, los ministros de Hacienda de la Concertación (como Alejandro Foxley) mantuvieron el esquema casi intacto. Descubrieron que el modelo generaba tal nivel de crecimiento, empleo y recaudación fiscal (por volumen de actividad, no por tasa de castigo), que modificarlo por razones ideológicas habría sido un suicidio económico.
Hernán Büchi demostró con hechos que cuando el Estado abandona la hostilidad fiscal y se ciñe a la responsabilidad presupuestaria, el capital deja de ser "cobarde" y se vuelve audaz, dinámico y creador de oportunidades. Es la prueba histórica e incontrovertible de que el camino para salir de la pobreza no es el reparto de la escasez mediante la trampa del impacto y la incidencia, sino la multiplicación de la riqueza mediante la libertad y la certeza jurídica.
La figura Ministro de Hacienda Hernan Büchi Buc gano su lugar de privilegio en la Historia de Chile
Jose Luis Vasconcellos un verdadero y genuino patriota
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