Existe Una Salida Para Nuestros Presospoliticos Militares [BC]
En mi opinión existe una salida que es drástica pero posible, y ella es:
Chile debe abandonar los acuerdos firmados y no aceptar la injerencia de las Cortes internacionales que va en desmedro de la soberanía de su justicia, considerando que países como Estados Unidos, China, Rusia etcéteras no reconocen las Cortes internacionales acusando a sus Agentes de Orden y Seguridad.
Esta es una postura que ha ido ganando terreno en diversos debates sobre soberanía a nivel global y que plantea una alternativa drástica pero jurídicamente viable para un Estado soberano.
La decisión de retirarse de tratados internacionales o de desconocer la jurisdicción de tribunales extranjeros es una facultad que posee cualquier país en virtud de su propia soberanía nacional.
Al analizar esta opción, se observa que el argumento central se basa en replicar la doctrina de las grandes potencias, aunque su aplicación práctica en un país con las características de Chile genera un intenso debate entre el realismo geopolítico y el legalismo internacional.
Pero seamos claros, quienes están en contra son: el Globalismo Corporativista y sus agentes locales que son mayoritariamente la izquierda y la derecha progresista.
Los argumentos que sustentan el retiro de las Cortes Internacionales
Quienes defendemos la idea de que Chile debería romper con estos compromisos internacionales nos apoyamos en premisas de realismo político y soberanía judicial:
El principio de reciprocidad y el ejemplo de las potencias: Las naciones más poderosas del planeta (Estados Unidos, China, Rusia, e incluso democracias sólidas como Israel o la India) no reconocen la jurisdicción de la Corte Penal Internacional (CPI) o limitan severamente la influencia de cortes regionales sobre sus fuerzas de orden y seguridad.
El argumento es directo: si las potencias consideran que estos tribunales vulneran su seguridad nacional y su soberanía, un país en vías de desarrollo no tendría por qué aceptar un estándar de subordinación que los más fuertes rechazan.
Recuperar la soberanía de la justicia local:
Los tribunales chilenos, la Corte Suprema y la justicia militar deberían ser la última y definitiva instancia para juzgar los hechos ocurridos en nuestro territorio.
Permitir que organismos extranjeros (como la Corte Interamericana de Derechos Humanos o comités de la ONU) revisen, anulen o exijan modificar fallos internos debe visto, desde esta perspectiva, como una tutela jurídica colonialista que debilita las instituciones nacionales.
Y negares verdad, es una contradicción vital de aquellos que tanto hablan de soberanía.
Terminar con el sesgo político internacional: Existe la percepción de que los organismos internacionales suelen estar influenciados por agendas ideológicas que aplican un criterio asimétrico, persiguiendo con rigor a ciertos Estados mientras ignoran violaciones graves en regímenes autoritarios con mayor peso geopolítico.
Un ejemplo claro fue la actitud frente a China de la Comisionada de Derechos Humanos Michelle Bachelet que en su informe, a sabiendas y con pruebas de violacion de los Derechos Humanos de los figures chinos, se estableció de que China “podría” estar violando los Derechos Humanos.
Mientras que un país de la escala de Chile asume el derecho internacional como una garantía de protección y se somete a sus reglas y escrutinio, las superpotencias operan bajo la lógica del poder real (realpolitik).
El informe sobre Xinjiang existió y fue un hecho institucional grave, pero el lenguaje cuidadoso y la falta de sanciones posteriores evidencian que, en el tablero internacional, la ley no se mide con la misma vara para todos, y consideremos que Bachelet fue presidente de Chile.
Los costos y contraargumentos de la desconexión internacional
Por otro lado, la gran mayoría de los diplomáticos, internacionalistas y economistas chilenos advierten que una medida de esta naturaleza acarrearía costos severos debido a la posición relativa de Chile en el mundo:
La vulnerabilidad del país pequeño: A diferencia de Estados Unidos o China, que poseen armas nucleares, mercados internos gigantescos y poder de veto en la ONU para defenderse de sanciones o del aislamiento, Chile es una potencia mediana/baja que depende críticamente de su reputación internacional.
La inserción de Chile en el mundo se ha construido sobre la base de ser un "alumno ejemplar" del derecho internacional, lo que le ha permitido firmar decenas de Tratados de Libre Comercio (TLC). romper con los tratados de derechos humanos podría activar cláusulas democráticas de esos mismos acuerdos comerciales, afectando las exportaciones y la economía.
n pocas palabras, la izquierda y el progresismo de los traidores de derecha, han usado este tema de la violacion derechos humanos, como un simple “chivo expiatorio”para cuidar la imagen del Pais, sin importarle violar los derechos de los Patriotas que dieron la batalla contra el terrorismo y la delincuencia..
El impacto en la seguridad nacional (Pactos de Fronteras): Quienes rechazan la idea de abandonar el sistema internacional argumentan que Chile no puede elegir qué tratados cumplir y cuáles no.
Si Chile desconoce los tribunales internacionales de derechos humanos bajo el argumento de la soberanía absoluta, debilitaría su propia posición legal para exigir que países vecinos respeten los tratados de límites y fronteras (como los fallos de la Corte Internacional de Justicia de La Haya respecto a Perú o Bolivia).
Para un país más pequeño, el derecho internacional suele ser su principal escudo de defensa ante vecinos más grandes.
¿Y debemos temer a Peru, Bolivia y Argentina?
Garantías constitucionales internas: El derecho constitucional chileno, el artículo 5° de la Constitución dice:
La soberanía reside esencialmente en la Nación. Su ejercicio se realiza por el pueblo a través del plebiscito y de elecciones periódicas y, también, por las autoridades que esta Constitución establece.
Ningún
sector del pueblo ni individuo alguno puede atribuirse su ejercic io. El ejercicio de la soberanía reconoce como limitación el respeto a los derechos esenciales que emanan de la naturaleza humana. Es deber de los órganos del Estado respetar y promover tales derechos, garantizados por esta Constitución, así como por los tratados internacionales ratificados por Chile y que se encuentren vigentes.El actual gobierno de don Jose Antonio Kast tiene en sus manos terminar con esta injusticia.
El mecanismo de salida: Técnicamente, si Chile quisiera tomar este camino, debería recurrir a la denuncia de los tratados (como el Pacto de San José de Costa Rica o el Estatuto de Roma).
Es un acto legal donde el Presidente de la República, con la venia del Congreso, notifica que el país se retira del acuerdo. No es un acto de desacato ilegal, sino el uso de una cláusula de salida que los mismos tratados contemplan.
En definitiva, la propuesta de aislar la justicia chilena de la influencia internacional para proteger a sus agentes de Orden y Seguridad plantea un desafío clásico de la política exterior, pero que es necesario para recuperar el camino del cual fuimos sacados por la izquierda y la derecha progresista, si queremos acabar con el estigma de la Inseguridad y el desorden interno, hay que DENUNCIAR estos Tratados.
A la pregunta ¿Debe un país priorizar la soberanía absoluta a nivel interno asumiendo los costos del aislamiento, o debe aceptar ciertas cesiones de soberanía jurídica a cambio de la protección, el comercio y el estatus que otorga pertenecer al sistema internacional?
La respuesta cae de Perogrullo, en la actualidad ante el intento del Globalismo Corporativista que se ha aliado con la izquierda y derechistas antipatriotas, solo necesitamos de alianzas que respeten nuestra soberanía. Hemos llegado tan abajo que reconstruir nuestro país requiere de union y respeto entre los chilenos y quienes quieran vivir legalmente en nuestra Nación.
Esta una de las decisiones más estratégicas y definitorias que nuestro Chile debe tomar respecto a su lugar en el mundo.
Jose Luis Vasconcellos un verdadero genuino patriota
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