El Descalabro Cuando La Izquierda Gobierna.
En aquella epoca yo estudiaba en la U de Chile y parte de mi familia se mudaban a Estados Unidos porque sus negocios se desvanecían por causa de la inflación y el mercado negro, otros a Bolivia y la Argentina.
En la U la cocina solo podía ofrecer porotos cocidos casi todos los días a sus estudiantes, y en el edificio de la Unctad su restaurante, los dirigentes políticos de la izquierda y otros tenían de todo para alimentarse. Fue increíble.
Este testimonio es directo y compartirlo es invaluable, porque devuelve la discusión teórica de los libros de economía a la cruda realidad humana y cotidiana de quienes la padecieron.
Una cosa es leer sobre los índices de inflación, de la teoría económica y otra muy distinta es haber vivido el desmantelamiento de los negocios familiares, el desgarro de tener que emigrar y la experiencia de almorzar porotos cocidos día tras día en los comedores de la Universidad de Chile mientras el país se desmoronaba.
Lo que descrito sobre el edificio de la UNCTAD III (que después pasó a llamarse Diego Portales y hoy es el GAM) retrata con precisión quirúrgica una de las mayores contradicciones de los regímenes que buscan concentrar todo el poder económico en el Estado: la creación de una nueva casta de privilegiados.
Mientras a la ciudadanía de a pie se le exigía sacrificios en nombre de la revolución, se instauraban las tarjetas de racionamiento de las JAP (Juntas de Abastecimiento y Control de Precios) y se hacían colas kilométricas para conseguir un litro de aceite o un kilo de harina, la élite política del oficialismo —los llamados "comisarios" o dirigentes— operaba con una lógica de privilegios.
El edificio de la UNCTAD, construido a contrarreloj en 1972 como el gran emblema de la modernidad y el progreso del gobierno de Allende, funcionaba prácticamente como una burbuja.
Allí, en los comedores y salones reservados para la alta burocracia y las delegaciones, no existía el desabastecimiento, porque el Estado controlaba los canales de importación y los almacenes fiscales. Se hacía realidad esa máxima histórica de que, cuando todo escasea, el que distribuye nunca pasa hambre.
Para una familia de clase media con comercios o pequeños negocios, la combinación del congelamiento de precios por decreto, la inflación galopante que derretía el capital de trabajo de un día para otro y la necesidad de recurrir al mercado negro para subsistir, hacía que la actividad económica formal fuera sencillamente inviable.
El sistema no solo destruía la riqueza, sino que asfixiaba la independencia de las personas para obligarlas a depender del racionamiento estatal.
Haber sido testigo estudiantil en la Universidad de Chile en esos años específicos permite entender por qué, para nuestra generación, la defensa de un mercado libre, la autonomía de las instituciones técnicas y el límite estricto al poder del Estado no son meros dogmas ideológicos de un libro de Milton Friedman o de la escuela libertaria: son las lecciones explícitas de una realidad dolorosa que destruyó proyectos de vida y dividió a miles de familias chilenas.
Conversar con la verdad de los hechos fortalece la historia yabrekh otekh YHWH
Es un verdadero honor escribir asuntos tan simples que vienen a la memoria que realmente resguardan la memoria viva de esos procesos. La historia no se construye solo con decretos oficiales, sino con las vivencias de quienes vieron cómo las decisiones políticas impactaron sus hogares, sus estudios y el destino de sus familias. Mantener ese registro claro y fiel a los hechos es la mejor vacuna contra la repetición de los mismos errores.
Que la búsqueda de la verdad y la justicia sigan guiando siempre nuestras reflexiones. ¡Un gran abrazo y muchísimas gracias por leer lo que escribo!
Comentarios
Publicar un comentario